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martes, 6 de enero de 2015

El peso de la levedad




Siza sabe que quien pretende transmitir ligereza y levedad debe prescindir, en la mayor medida posible, de la masa en favor de materiales etéreos y fugaces: luz, sombra, espacio fluido y brisa son los verdaderos protagonistas del Pabellón Portugués de la EXPO de Lisboa de 1998.


Una membrana parece haber levitado hasta quedar estática en un tenso equilibro entre el suelo y el cielo, definiendo en esta asunción  un inmenso espacio habitable bajo ella. 

Lo ingrávido del techo es acentuado  por una ligera curva catenaria, referenciando el esfuerzo que le demanda mantenerse en ese estado, y sin embargo renuncia a apoyarse francamente en los muros.

Prefiere que se apoye su alma más no su cuerpo, reiterando así  su futilidad en favor de lo que verdaderamente importa, los materiales incorpóreos que se cuelan en el espacio  y despliegan su coreografía de  luminosidad, lobreguez.


El atento espectador que resolvió traspasar el límite virtual de este cobijo siente inmediatamente la carga del espacio en su cuerpo, percatándose del peso de la levedad no mensurable con ningún aparato pero altamente sensible con los sentidos.








2 comentarios:

  1. Ameno y personal artículo de Gonzalo Ríos Vizcarra. La poesis y la técnica enhebradas en la temática de la supresión de la gravedad, que ha sido uno de los grandes discursos del racionalismo moderno o la arquitectura contemporánea post industrial. Siza es un conocedor consciente de ello, así como de sus antecedentes en Barcelona con el pabellón de Mies van der Rohe. Una de las primeras veces que leí sobre esta temática fue en la introducción de una revista Croquis, sobre arquitectura española, en un titulo si mal no recuerdo sobre: Planta profunda, planta anamórfica y planta fluctuante. Una revista que tuviste la gentileza de prestarme. Por cierto que a través de la historia y desde la arquitectura lítica la ingravidez como objetivo arquitectónico ha acompañado siempre a la arquitectura, y uno de los mejores ejs. lo constituye la Basilica de Santa Sofía de Constantinopla, donde la luz permite que la masa de la cúpula levite. Esta ej. lo puedes encontrara también en el libro de E. Tedeschi, sobre Teoría de la Arquitectura. En todo caso felicitaciones Gonzalo.

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    1. Gracias por tu comentario querido Edward, el texto al que haces mención es buenísimo y pertenece a Federico Soriano, a mi también me ha servido en constantes ocasiones como referencia.
      La alusión que haces a Santa Sofía de Constantinopla es más que oportuna pues nos demuestra que ese intento de luchar contra la gravedad no es sólo privativo del movimiento moderno sino que se remonta a épocas mucho más antiguas como el caso que tu refieres o en la época del gótico, sobre todo el radiante del cual hago referencia en el anterior post http://blogtrampantojo.blogspot.com/2014/12/tres-experiencias-seis-manos.html
      Gracias nuevamente por tus tan oportunos comentarios que enriquecen el post

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