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martes, 16 de junio de 2015

AREQUIPA COMO TESTIMONIO AMERICANISTA, Por: Ramón Gutiérrez

Patio de la Casa de Ricardo Rojas en Buenos Aires con su referente, los claustros de la Compañía de Jesús de Arequipa 
Prólogo del Libro: Arequipa como paradigama, de Gonzalo Ríos. Las fotos también pertenecen a dicho libro.


Gonzalo Ríos nos ha convocado para presentar sus reflexiones sobre el papel que juega la arquitectura arequipeña en el proceso de generación de una propuesta americanista en la arquitectura sudamericana.



Su metodología de aproximación al tema está basada en la convicción de que las opciones de los arquitectos que asumen una posición, que Ríos denomina de “nacionalista”, está  vinculada a las transformaciones sociales y culturales que se generan en las dos primeras décadas del siglo XX. Esta lectura tiene un claro sustento en el proceso que lleva a las transformaciones del modelo “civilizatorio” europeo en una decadencia notoria a partir de la primera guerra mundial.

La ornamentación de los claustros, así como la de las portadas religiosas y civiles de Arequipa serán los principales elementos advertidos por los arquitectos  de inicios del siglo XX en busca de una arquitectura propia 

Lo que Toynbee llamaría décadas después una “irritada introspección” se canaliza en los países americanos en un despliegue de transformaciones sociales, de aperturas culturales a la comprensión del mundo prehispánico y a una creciente exigencia de participación en la  vida política de sectores hasta entonces marginados.

Gonzalo atisba con claridad que el proceso sudamericano tiene sus peculiaridades respecto del fenómeno norteamericano-mexicano, aunque mediado el siglo XX las vertientes tiendan a confluir. Es cierto que México aportará notoriamente a la formación de una identidad raigal en las regiones norteamericanas que habían pertenecido al antiguo Virreinato de la Nueva España. Particularmente California, a partir de las Exposiciones de San Francisco-Panamá y, sobre todo, de San Diego en 1915 potenciaría su adscripción a la recuperación de sus raíces históricas.

El estilo Californiano y el Spanish Revival van a influir mucho en diversos países americanos, debiendo distinguirlo, en cuanto a principios compositivos e intenciones, de la arquitectura con un fin identitario local.  


Si bien la memoria de esta búsqueda se centró inicialmente en el llamado “mission style”, lo cierto es que buena parte del aporte llegaría directamente desde España a través de la adquisición de claustros, puertas, balcones, rejas y ornamentos renacentistas que desde el mundo sajón se venían valorando artísticamente desde fines del siglo XIX. La edición del tratado de arquitectura del renacimiento español en Londres en 1893  sería continuada por los numerosos textos de Stapley and Byne quienes fomentaron la adquisición de antigüedades del Siglo de Oro destinadas a la construcción de palacios para los magnates norteamericanos. Surgiría de esta manera la nueva línea del “Spanish style” que devendría con los años a mestizarse y transformarse popularmente con lo que se expandió sobre todo nuestro continente como estilo “californiano”.

Puntuales elementos ornamentales serán modificados en la arquitectura nacionalista, tanto peruana como argentina, para "desacralizar" el barroco original y transformar el significado del nuevo programa iconográfico. 

La impronta de la arquitectura colonial mexicana actuaría de prestamista formal hasta los años 30 del siglo XX generando un indudable entusiasmo en sectores norteamericanos que editaron más de una decena de libros documentando las arquitecturas monumentales y populares de los poblados mexicanos. El cine y Rodolfo Valentino en sus escenografías fue otro de los alicientes para este trasvase de formas y espacios donde el historicismo jugaba un papel esencial.

Muy bien señala Gonzalo Ríos que curiosamente los arquitectos peruanos y argentinos involucrados en este proceso de valoración de la arquitectura colonial tenían una formación academicista adquirida por varios de ellos en Francia. Si bien esta formación tuvo rasgos que facilitaron la adopción de un lenguaje innovador, sacrificando la modelística clásica en aras de un nuevo repertorio formal, el método pedagógico de la Academia facilitaba esta alternativa. En efecto, el trabajar el diseño a través de un sistema de composición permitía escoger libremente partes que debían ser ensambladas y por ende se generaban proyectos, que podían optar por “componer” a partir de estos nuevos modelos de la antigua arquitectura colonial. 

Por su ubicación estratégica en la calle Florida de Buenos Aires el diario "La Nación" debe ser el edifico "arequipeñista" más conocido de la capital argentina.

El excelente trabajo que Gonzalo presenta en esta oportunidad posibilita la verificación de la manera en que el neocolonial utiliza un repertorio de elementos, fundamentalmente portadas, y cómo los modelos originales son alterados en las nuevas propuestas inclusive cambiando su escala. Esto podrá verse con mayor claridad aún en el conjunto de obras que encararán Harth Terré y Álvarez Calderón en Arequipa en los años 40.

Las obras emblemáticas realizadas por el IV centenario de Arequipa, impondrán un lenguaje neocolonial , como es el caso del teatro Municipal, que se transmitirá luego a las edificaciones domésticas.

El estudio muestra como hay rastros de la influencia norteamericana en las obras de los Country Club de Lima y Arequipa y también, en otra frecuencia historicista, en ejemplos neogoticistas como el Arzobispado de Arequipa. Sin embargo, el encuadre que Gonzalo realiza sobre las influencias hispanistas, indigenistas y criollas tiene sin dudas fundamentos no solamente en las obras de arquitectura sino también en las corrientes historiográficas, literarias y sociales que contextualizaban los procesos de los gobiernos de Prado y Leguía.

El hotel de turistas será otro ejemplo de la arquitectura neocolonial de los años 40


La vertiente que buscó recuperar el pasado indígena ya había mostrado en diversas partes del continente su presencia en los festejos del Centenario de las Independencias de nuestros países que implicaron una reflexión sobre los procesos históricos en un contexto cambiante. Sin embargo, como bien se señala el proceso de apropiación, la resignificación de los contenidos formales y la trasmisión de la arquitectura histórica quedaron muchas veces en propuestas epidérmicas o meramente formales.

El sustento de las primeras teorías sobre la arquitectura generados en nuestro continente y la valoración de las arquitectura prehispánicas y coloniales comenzaron en esta época Ello permitió de alguna manera rescatar patrimonios que de otra forma hubieron sido destruidos. Éste es el gran mérito de esta generación que fue capaz de mirar el pasado como un elemento vital de su presente y que consideraban no debía estar ausente en su futuro.
Las diversas líneas que se desarrollaron en el Perú y en otros países americanos mostraron su encuadre en la faz historicista en que había finalmente concluido el eclecticismo academicista europeo. Las búsquedas más utópicas en sus propuestas podemos buscarlas en el “Neoperuano” del sevillano Piqueras Cotolí y de Héctor Velarde, o en el “Euríndico” proyecto de Ricardo Rojas en Argentina, ambos sustentados en la hibridez de los componentes europeos y americanos prehispánicos.

  El trabajo de Gonzalo Ríos fortalece la mirada que sobre la convergencia de una acción cultural conjunta el Perú tuvo un impacto cultural importante en la definición de una corriente neocolonial en Argentina. Sobre todo la admiración por la arquitectura colonial del sur del Perú en Ángel Guido y Martín Noel, que fueron los teóricos y protagonistas junto a Pirovano de estas primeras propuestas, marcaron una clara predilección por la obra arequipeña. El archivo de Noel guarda pequeños croquis en su libreta de viaje donde con perspicacia apuntaba el proceso generador de la ciudad en torno al asentamiento indígena, la ciudad española y las reducciones de la zona de la Chimba. Su preocupación por adquirir las fotos de Max Vargas y de sus discípulos los hermanos Vargas, se prolonga en similar actitud en las búsquedas de Mario José Buschiazzo, mostrando este sólido y continuado interés por la ciudad y su arquitectura.

Arquitectos peruanos y argentinos, así como pintores, fotógrafos etc. pertenecientes a la corriente indigenista valorarán en la arquitectura arequipeña el germen de la fusión hispano-indígena

La primera mitad del siglo XX es un continuo trajinar en ese intercambio intelectual del campo de la literatura, la historia, las artes plásticas y la sociología entre el sur peruano del Cusco y Arequipa y el Noroeste Argentino de Jujuy, Salta, Tucumán hasta llegar a Buenos Aires. La región puneña y La Paz no serían ajenos a este trasiego virtuoso de inquietudes que testimonia los mejores momentos de la reivindicación americanista en Sudamérica. Por ello el estudio de Gonzalo Ríos con un encuadre preciso en las circunstancias contextuales, una explicación acertada de los focos intelectuales que movilizaron a estas corrientes de pensamiento y un análisis detallado de los personajes que fueron los protagonistas de este momento de valoración de lo arequipeño como expresión de síntesis americana, realiza una contribución necesaria.

Pintores como Camino Brent formado sin los prejuicios academicistas de los arquitectos, reconocerá valores espaciales y formales en la arquitectura vernácula arequipeña, buscando luego llevarlos a la arquitectura de su casa-taller.

Luchando con la necesidad de ser oídos en tiempos donde los horizontes culturales se buscaban lejos de nosotros mismos, los protagonistas del neocolonial rescataron el espíritu del lugar. Sin embargo, formados en unas condicionantes didácticas de una arquitectura formalista y de composición de elementos, no fueron capaces de comprender el sentido de los cambios que exigía el espíritu de su tiempo. Para muchos ellos constituyeron una vertiente más de un academicismo historicista que simplemente había cambiado el repertorio de lenguajes formales del pasado sin asumir los tiempos nuevos. Para quienes los vemos en el contexto de su tiempo histórico admiramos y agradecemos su brega por colocar nuestra América como un proyecto que nace de nuestra propia realidad y no de las usinas ajenas. Este libro contribuye a facilitar la comprensión de aquel momento histórico y enfatiza la notable articulación que vincula a Arequipa con Argentina.

El presente texto es el prólogo escrito por el arquitecto Ramón Gutiérrez para el libro Arequipa como Paradigma, de Gonzalo Ríos 


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