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lunes, 17 de noviembre de 2014

Habitando entre órdenes divinos y profanos I


En los inicios están las respuestas


Una gruesa muralla de piedra blanca de más de seis metros de alto encierra una pequeña urbe habitada exclusivamente por mujeres. El orden interno tiene origen divino, pero tan amoldado a lo terrenal que pareciera haber desaparecido, o en todo caso ocultarse únicamente en el recuerdo de unas cuantas mujeres piadosas que no dejan de orar y elevar cánticos al cielo para que el cumplimiento de la regla sobre la cual profesaron no sea exclusividad de unas cuantas, sino que alcance a toda la comunidad de laicas y religiosas que habitan en el año del Señor de 1703 el Monasterio de Santa Catalina de Sena de la Villa Hermosa de Arequipa.


Zonas de celdas monásticas en el Monasterio de Santa Catalina de Arequipa



Antonio de León y Becerra es obispo de la ciudad desde 1677 y a partir de su llegada a Arequipa se ha propuesto emprender una serie de reformas al interior del cenobio a fin de recuperar la vida comunitaria y el retorno de toda la comunidad a las reglas y normas por las cuales profesaron. Sin embargo sabe que no es tarea fácil, tiene que luchar además de con personas y costumbres arraigadas y consentidas durante décadas pasadas, con esas inefables construcciones  que parecen ser obra del maligno.

¿Cómo fue posible que esa inmensa zona de celdas, que más parecen pequeñas casas invadieran casi todo el monasterio?, ¿Cómo fue posible que de la austera celda monástica tradicional aparecieran tal variedad de patios, cámaras y recámaras, que no hacen más que acentuar diferencias sociales y económicas más propias del “mundo”[1] que de espacios consagrados a Dios?


Vistas de la zona más antigua del monasterio, donde se encuentran las primeras celdas monásticas 


El Obispo de León es un hombre obstinado, desempolva legajos antiguos y los lee con detenimiento. Está en el archivo del monasterio catalino y si bien sabe que no va a  encontrar la solución al problema al menos vislumbrará el origen del mismo.

Está allí, puede verlo en uno de los primeros documentos del monasterio en donde se establecen las 24 condiciones bajo las cuales se funda  el cenobio arequipeño. El extenso documento, además de dar cuenta de toda la infraestructura adaptada y construida por un tal Gaspar Báez para que las religiosas vivan en comunidad y pernocten en dormitorios comunes, se autoriza a la religiosa Quitería Berrío para que con sus propios recursos se construya su propia celda. Sabe que no es un privilegio para Quitería, pues en el documento se habla también de su pobreza, se trata más bien de materializar la diferenciación entre las monjas de velo negro que han podido pagar la importante dote al monasterio y ser consideradas como monjas de coro, y el resto de la población que no puede hacerlo, no teniendo derecho a ocupar los ambientes generales del monasterio.


Imagina una celda muy simple y rústica la de Quitería Berrío, casi una choza, y sin embargo en la simplicidad de este recinto se encontraba el germen que se expandiría al mostrar los beneficios de tener un recinto privado al interior del cada vez más prestigioso monasterio arequipeño. Tener una celda apartada no sería más un factor de segregación, al contrario, representaría el poder económico y el nivel social de la monja y de su familia, reproduciendo a una escala más pequeña lo que acontecía tras la muralla sagrada.

La última visita eclesiástica realizada al monasterio lo había dejado impactado. Si bien, luego de un arduo trabajo había conseguido quitarle el derecho de patronazgo real al Cabildo de Justicia y Regimiento de la Ciudad nunca se imaginó la labor tan ardua que le esperaba. Es cierto que existía un número no escaso de monjas que llevaban  una vida piadosa, cumplían con rigor sus horas canónicas, despertaban a las tres de la mañana a rezar los laudes, a la hora prima eran las primeras en llegar al coro, interrumpían cualquier actividad para orar en las tercia, sexta, nona  y vísperas, y no pernoctaban sin antes hacer el oficio de las completas. Trabajaban arduamente en las labores propias de su cargo y hasta mortificaban con rigor su cuerpo con las más variadas formas de látigos y cilicios. Eran seguidoras pues de una antigua madre llamada Ana de los Ángeles, a la cual llegó a conocer y que todos dicen murió en olor de santidad.

Hallando un remanso para sus preocupaciones De León recordaría aquellos ya lejanos años de su formación como sacerdote, estudiando sobre los orígenes del cristianismo con los padres y las madres del desierto, los cuales habían decidido tener una vida eremítica aislada de todo; refugiados en cuevas, trepados en árboles y hasta en lo alto de una columna pasaban su vida de oración y penitencia. Pero tampoco había que ir al extremo, eran otros tiempos, mucho más próximas estaban las enseñanzas de los benedictinos que bajo la sabiduría de Benito de Nursia, habían logrado establecer las bases sobre las cuales se sustentaría el monacato y los monasterios. “Ora et Labora” allí estaba la clave de todo: rezar y trabajar. A eso debiera dedicarse casi el íntegro de la vida de un monje o una monja de clausura, y las celdas debían ser la materialización de estos principios.


Sin embargo, en esta última visita eclesiástica del Obispo que tanto lo perturbó, pudo comprobar cómo la arquitectura podía ser un instrumento tan eficaz para conspirar contra todo lo que él creía. El hecho de auscultar las celdas de las monjas con ojo inquisidor, agudizó sus sentidos y pudo percatarse de cosas que antes pasaron desapercibidas y que ahora podía perfectamente describir…

CONTINUARÁ






[1] Al interior de los recintos monásticos se conoce como “mundo” a todo lo que sucede fuera de sus cercas

2 comentarios:

  1. Buena Gonzalo. Felicitaciones. Estaré a la espera de la continuación. Solo un comentario. La foto que aparece arriba de la parte más antigua del monasterio me produce una enorme duda. Al observar detenidamente el sector a mi me parecía que esas habitaciones pequeñas con techos de tejas, eran mas bien agregados posteriores de las construcciones más altas que aparecen más atrás. Llegué a pensar incluso que la calle donde se encuentran, debió haber sido un espacio abierto mas grande, antes de los agregados.
    Un abrazo

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  2. Más que oportuno tu comentario Chachi, me permite explicar las intensas renovaciones urbanas que producidas por los desastres naturales, sismos, o por la intensa dinámica del crecimiento poblacional, se dieron en diferentes épocas. No permitiéndonos ser demasiado categóricos en adscribir cronológicamente todo un sector a una época determinada, pues estas son el resultado de superposición de diferentes momentos, que tu ojo de profesor de historia de la arquitectura te permite reconocer.

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