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miércoles, 4 de marzo de 2015

La verdad de una mentira bien contada

No tendría que caber duda, si queremos hablar de buena arquitectura debiéramos remitirnos a aquellos edificios capaces de dar satisfactoria respuesta a las necesidades de hábitat tanto de orden físico, mental y espiritual que un grupo humano reclama, entrando en sintonía con su medio y en sincronía con su tiempo. Queriendo ser consecuente con este pensamiento ¿Qué cabría opinar de un pueblo que aparenta ser del medievo toscano pero que fue construido en la segunda mitad del siglo XX emplazado en una isla caribeña?

Una cantera de piedra coralina proporcionará el principal material para la construcción del Pueblo “ Altos de Chavón”
Fotos: Gonzalo Ríos



El barrenado de una cantera de piedra coralina que interrumpía el trazo de una nueva carretera de la República Dominicana proporcionó un interesante ripio que sirvió como detonante para que al visionario magnate Charles Bludhorn  se le ocurriera construir una pequeña villa historicista en la cota más alta de Casa de Campo, un conjunto inmobiliario que el empresario venía desarrollando para vender terrenos y casas a millonarios de todo el orbe deseosos de poseer una propiedad en un lugar paradisíaco como lo es la República Dominicana. 

Sin embargo el proyecto de Bludhorn no terminaba de consolidarse. Si bien algunos ricos habían ya adquirido solares y construían  sus mansiones en la isla caribeña, la belleza natural de La República Dominicana no era lo suficientemente conocida como para generar el impacto global  que Charles Buldhorn deseaba; pero éste no era un empresario cualquiera, dentro de los muchos negocios y cargos ejercidos  estaba nada menos que el de presidente de la Paramount Pictures, dominando a la perfección el arte de la fantasía la ilusión y el embuste, bastante útil si de la captura de un público hedonista, ansioso del placer fácil, se trata. Nacería así la idea de pueblo italiano como complemento perfecto del glamour occidental que el medio natural dominicano no era capaz de aportar, tenía los recursos a la mano y nadie podría impedir su cometido.

Utilizando la tipología romana el teatro es el equipamiento de mayor magnitud en el conjunto, recinto inaugurado por Frank Sinatra en 1981, actuando posteriormente artistas de la talla de Carlos Santana, Plácido Domingo, Buddy Rich, Elton John etc.
Fotos: Gonzalo Ríos


El primero convocado al inusitado proyecto de Bludhorn fue el diseñador Roberto Coppa. El magnate conocía bien al italiano que había trabajado como escenógrafo en varias películas de la Paramount. Luego se unió al proyecto José Antonio Cano, arquitecto dominicano formado en Europa que paradójicamente introdujo el modernismo a la isla. Ellos dos junto con un inmenso grupo de constructores y artesanos dominicanos que guardaban en su formación los saberes y tradiciones heredadas de la colonia, emprenderían el reto de transformar 17 hectáreas de bosque ubicadas a lo largo de la barranca superior del río Chavón en un pueblo de la toscana italiana con ruinas romanas incluidas. 

La amabilidad de los espacios y de las formas hacen olvidar cualquier referente histórico, invitando únicamente al solaz del eventual espectador.
Fotos: Gonzalo Ríos

Ante tales antecedentes y desde una perspectiva actual medianamente purista, cualquier visitante iniciado no debería esperar encontrar en Altos de Chavón más placer que el que puede otorgarle la fugaz impresión de ver por vez primera     el Castillo de la cenicienta en Disney World, sin embargo por ciertos motivos que quiero explicar, el común de los visitantes, en donde me incluyo, termina por abandonar cualquier remilgo académico y se terminan solazando en esa especie de villa encantada en donde ya poco importan los referentes históricos ante la amabilidad de los espacios y las formas.

Sentir la textura de la piedra coralina, de las terracotas y de los otros mampuestos que encajan entre ellos de una forma tan simple como perfecta resultan experiencias que más que cuestionar sólo dan ganas de agradecer y disfrutar
Fotos: Gonzalo Ríos
Caminar por sus empedradas calles, detenerse cuando estas se dilatan y se convierten en plazas, sentarse en su anfiteatro de emplazamiento perfecto y de geometría romana, apoyarse en la baranda de una construcción que balconea hacia el valle del río Chavón sentir la textura de la piedra coralina, de las terracotas y de los otros mampuestos que encajan entre ellos de una forma tan simple como perfecta resultan experiencias que más que cuestionar sólo dan ganas de agradecer y disfrutar.

No necesitamos haber estado en un pueblito italiano para reconocer los referentes, es suficiente recurrir a nuestra memoria de vivencias arquitectónicas detectando el lugar y el momento en donde nos hemos sentido amablemente cobijados en cuerpo y alma.
Fotos: Gonzalo Ríos

Una vez superado el trance creo encontrar el secreto en el correcto uso de los patrones. Ignoro si Coppa o Cano conocían la teoría de Christopher Alexander desarrollada en su libro coetáneo con el momento en que se construía la villa pero en todo caso el diseño es una puesta en práctica de lo que postulaba el arquitecto austriaco: Reconocer un problema de diseño, recurrir a una solución de comprobada eficacia  y darle el carácter particular que el contexto demanda. Esta operación hecha desde el planteamiento urbano hasta el detalle de un vano puede otorgar una coherencia al conjunto. Y es que Altos de Chavón no se inventa nada, es tal vez por eso que nos sentimos tan familiarizados como a gusto cuando entramos a una casa organizada en torno a un patio con arcadas, cuando la textura rocosa del piso des-acompasa nuestro andar y empieza a crecer musgo entre sus imperfecciones, cuando podemos reposar en el alfeizar de una ventana horadada en un grueso muro o cuando vemos descansar mansamente a una dovela sobre un supuesto muro de carga. No necesitamos haber estado en un pueblito italiano para reconocer los referentes, es suficiente recurrir a nuestra memoria de vivencias arquitectónicas detectando el lugar y el momento en donde nos hemos sentido amablemente cobijados en cuerpo y alma.

En la arquitectura como en otras artes una mentira bien contada suele ser más interesante que una verdad mal dicha. Fotos: Gonzalo Ríos

Un ejemplo como Altos de Chavón puede dejar muchos cuestionamientos y temas para replantear, pero a mí me dejó la certeza que en la arquitectura como en otras artes una mentira bien contada suele ser más interesante que una verdad mal dicha. 


2 comentarios:

  1. ¿Y con esto quieres decir que te parece bien o que no?

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  2. Creo que en esta parte del texto doy respuesta a tu pregunta "...uno termina por abandonar cualquier remilgo académico y se terminan solazando en esa especie de villa encantada en donde ya poco importan los referentes históricos ante la amabilidad de los espacios y las formas" Gracias por comentar

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