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jueves, 2 de marzo de 2017

COLOR

Desde el momento en que despertamos al mundo y percibimos la luz, intuimos que su principal misión es conquistar el espacio y nutrir todo lo que toca de claridad. Como ejercicio de sus dominios tiñe a su vez las cosas de colores y recrea una burbuja cromática que nos envuelve, recomponiéndose de manera similar cada nueva jornada. Fruto de este comercio y de las relaciones sensoriales que, de manera particular, establecemos con la materia a la cual se adhieren, los colores cobran sentido, construyendo un muestrario de significación cromático con capacidad de reverberar a lo largo de toda nuestra vida.

Mantas con motivos incaicos, Cusco Perú.
Todo color ha emergido de un oscuro fondo común, llegando a nosotros descompuesto, diluido y transportado por los causes etéreos de la luz. Su significado no es fijo, es más bien relacional, pero sobre todo evocativo. Si bien lo hemos percibido por  la vista ha llegado acompañado de aromas, sabores, texturas, sonidos; aprendidos por otros sentidos instalados en diferentes partes del cuerpo. Un color es capaz de hacer eco utilizando como caja de resonancia toda nuestra constitución física. Los colores pueden resultar altamente sensuales.

El color que haciendo cuerpo en nosotros ha sido capaz de instalarse en nuestra memoria no puede dejar de convocar las propiedades anexas de la materia en la cual lo vimos impregnado. Aprovechando sus capacidades sensoriales y sugerentes las culturas de todos los tiempos han hecho uso de ellos. Desde lo utilitario hasta lo simbólico los pueblos anexaron un metalenguaje cromático a lo más variado de su producción. Vestidos, utensilios, adornos,  banderas, escudos, edificios reiteran la tintura y los matices como parte inseparable de su producción material que es también reflejo de su concepción del universo.

Adorno artesanal, Cusco Perú
Las diferentes partes de un edificio son también lienzos en donde el color se deposita. Desde la aparición de la arquitectura materia y color se funden hasta formar parte de una misma sustancia, que resaltará dentro de cualquier experiencia arquitectónica. Pero la verdadera experiencia cromática en la arquitectura no es la que se tiene al ver el color tinturando los muros, sino, cuando liberándose de ellos conquista el espacio y bajo diferentes tonalidades se dispersa en él. El color en la arquitectura nos conmueve cuando la atmósfera que nos envuelve está teñida de él.
Monasterio de Santa Catalina de Arequipa, Perú
Bañarnos de color, teñirnos con la intencionalidad evocativa de las luces cromáticas que rebotan en muros, techos y pisos, reflejar con nuestra piel tonalidades y matices,  debe estar entre las experiencias más intensas que al interior de un edificio se puede vivir. Luz y materia confrontadas, librando contiendas en donde silenciosas explosiones alteran y recomponen la apariencia de la masa. Su incidencia es tal que esa materia puede alterar su apariencia de peso o levedad, frío o calidez, pudiendo incluso  modificar la sensación de escala. 

Calle de Chefchaouen, Marruecos
Una atmósfera efervescente de cromatismo tiene la capacidad de pintar en nuestro interior paisajes tan imprecisos como ciertos. Las fuerzas de una antigua impregnación pueden conservan su capacidad para insinuarnos nuevas posibles combinaciones y proponernos lienzos habitables en donde nuestro protagonismo nos permitirá descubrir secretos del universo revelados a través de la luz descompuesta.  

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