“Nada
más natural que lo sobrenatural encarne en los hombres y hable su lenguaje".
Nombrándolos como demonios, genios o
musas el hombre de la antigüedad encontró la forma adecuada de identificar a
fuerzas que, intuidas como externas, tenían poder para influir de manera
decisiva en el proceso de creación. Voces sagradas o profanas eran capaces de
susurrar en la mente del creador el camino adecuado para dar forma al objeto
funcional o a la obra de arte dotada de condiciones para responder con
satisfacción a las carencias y necesidades de un determinado grupo humano. El
artista o el creador era puente por donde descendían los designios divinos en
atención a las demandas humanas.
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Gustave Moreau. Las musas dejando a su padre Apolo para venir a Iluminar el mundo,1876 |
Con la coraza que provee el
escepticismo, la cual se engrosa gracias al pensamiento racional, y
sintiéndonos capaces de explicar toda acción humana en base a procesos
determinados por antecedentes y sucesiones, la inspiración ha perdido validez,
o en el mejor de los casos su significado dista demasiado de su antigua
acepción. Hoy en día se entiende por inspiración a ese estímulo adicional que
aflora tras un arduo trabajo y que permite sintetizar en un objeto concreto las
diversas variables que se incluyeron como necesarias en el proceso de creación.
El autor es ahora el único responsable, para bien o para mal, de lo que
finalmente obtiene.
Pero todo aquel que ha frecuentado
los caminos de la creación es capaz de detectar momentos en el proceso
difícilmente explicables bajo la lógica de los sistemas racionales. Muchos de
los más eximios creadores, sobre todo de ramas artísticas, coinciden en
reconocer la interacción que se produce con cierto tipo de alientos externos
que de manera intermitente aparecen mientras se concibe un nuevo objeto.
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Michelangelo da Caravaggio. La inspiración de San Mateo, 1602 |
Las estructuras mentales con las que
cualquier ser humano se ha provisto para desenvolverse en su mundo cotidiano y
comunitario suelen resultar poco eficaces en el curso de la creación de objetos
artísticos. Para que pueda tener lugar un auténtico acto creativo el artífice
debe alterar su visión cíclica de causas y efectos predecibles para así poder
ensayar relaciones que lo conduzcan a lo innovador, a lo creativo a lo antes
nunca contemplado. Este temerario despojo de certezas, conducente a la
incertidumbre, resulta a su vez
liberador. A partir de ese estado inducido el creador es sensible ante
las relaciones normalmente no advertidas y que suelen esconderse tras la máscara
de las apariencias. El haberse liberado del yugo de lo preestablecido el
artífice se vuelve receptor de las voces que claman por interpretar la
verdadera armonía que rige el mundo.
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Nicolas Poussin. La Inspiración del Poeta, 1629 |
Para llegar a este estado no solo se
requiere la voluntad de hacerlo. El hombre que toma la creación como parte
sustancial de su existencia, debe estar adiestrado en las técnicas y en los
oficios propios de su quehacer. Sólo ataviado con estas virtudes el artista
será capaz de tamizar estos vocablos universales y darles el sentido particular
adecuado. Sintetizar en una obra concreta los designios de fuerzas de origen
impreciso requiere más que ganas, hace falta para ello virtuosismo en el
oficio.
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Hans Rottenhammer.Minerva y las musas, 1603 |
A un universo infinito debe
corresponderle un orden de similar magnitud. Tal condición hace referencia a
disposiciones y acomodos que no pueden ser silentes. Pitágoras lo llamaba la
armonía de las esferas, sin embargo su reverberación es inaudible para el
humano que tiene entrenado su oído para los sonidos finitos. Probablemente la
inspiración sea la disposición humana
que mediante el dominio virtuoso de un oficio, hace audible fragmentos de esa
música eterna y pueda dotar a su creación de las verdades infinitas que en un
determinado momento pudo escuchar.
Muy buen artículo, me gustaria saber qué entiende por dominio virtuoso y como se puede desarrollar virtuosismo en el oficio. Gracias
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