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jueves, 1 de diciembre de 2016

BELLEZA

EUPALINOS: “…siento que mi necesidad de belleza, igual a mis recuerdos ignorados, engendra por si sola figuras que le satisfacen”.

Paul Valery
Eupalinos o el arquitecto

De las tragedias mayores  ocurridas en los últimos años al interior de las culturas el desconocimiento de la belleza como necesidad humana debe estar dentro de las peores.  El apremio de lo bello como nutriente de la vida se reduce y desciende a niveles jamás imaginados, quedando relegado a un cada vez más reducido número de seres capaces de percibir lo bello más allá de los límites que el campo de la estética contemporánea permite, no quedándoles más que saciarse en soledad con un fuego al cual adivinan prontamente extinto.

Autorretrato, Egon Schiele ( 1890-1918)

La convivencia con lo bello, es decir, el reconocimiento de su existencia con el goce sensorial y anímico que ello supone, no debiera ser privativo de élites que se presentan ahora como iniciadas en temas asumidos como herméticos; lo bello debe seguir siendo el recurso a través del cual los humanos accedemos a niveles de conciencia y goce que son al mismo tiempo reveladores y liberadores de nuestro ser.

La belleza es reveladora en el sentido que, a través de un acto contemplativo, sensorial, altamente erótico del mundo que habitamos descubrimos que lo bello es parte de nuestro ser interior, y ya que la conciencia de la belleza no puede ser permanente, resulta también liberadora de las redes que la cotidianeidad teje y nos envuelve en la urdimbre de la monotonía. Todo ello es posible entendida la belleza desde la experiencia más que desde el juicio.

La puerta hacia el exterior, Egon Schiele ( 1890-1918)

El juicio estético, atiende sobre todo las características del objeto contemplado, así como las diferentes razones por las cuales dicho objeto es capaz de transmitir la sensación de belleza a un individuo o un grupo humano regido por ciertos códigos colectivos. Desde esta perspectiva, el acceso a la contemplación de lo bello en toda su plenitud sí que es privativo de ciertos grupos cultivados en las diferentes manifestaciones artísticas que normalmente responden a patrones previamente concertados. En su lugar la experiencia estética que no lleva en su origen intereses pre conceptuados acerca de lo que debe ser bueno o agradable, como lo menciona Kant, se torna mucho más inclusiva y si bien contempla importantes dosis de subjetividad propias de la microhistoria de cada individuo está más cerca de criterios universales y por lo tanto de la propia condición del ser humano en general.

Aquella naranja era la única luz, Egon Schiele ( 1890-1918)

En el campo arquitectónico, más que en cualquier otro, se evidencia lo dicho; restringiendo el juicio estético de los edificios a su nivel objetual lo bello se limita al campo compositivo de los elementos físicos, espaciales así como a la ornamentación de los mismos. De este punto de vista, además de reducir el goce estético de la arquitectura a unos cuantos entendidos hace que un gran público concluya que la belleza en la arquitectura es un complemento a su misión más auténtica que es la de proporcionar hábitat para el hombre. Así, la belleza en la arquitectura se entiende como prescindible y en algunas épocas, como la actual, innecesaria y superflua.

En su lugar, la búsqueda de la belleza en la arquitectura  a través de la  experiencia es a todas luces mucho más inclusiva. Como bien hace mención Alberto Pérez Gómez entender a la arquitectura como propiciatoria para la ocurrencia de eventos significativos en nuestra vida es la manera más acertada de revelar ya no solamente la belleza de un objeto, sino que, a través de él,  mostrar la belleza de ser.

La casa de la curva, Egon Schiele ( 1890-1918)


Reverberar en sintonía con la materia que constituye la arquitectura sintiéndose parte del sistema, someterse al orden en que los elementos han sido dispuestos en el espacio, y admirarse como dice Valery de “lo que sin esfuerzo le lleva por encima de su naturaleza” es captar, a través de la arquitectura la inconmensurable belleza que reside en el acto de existir.

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